Érase
una vez, un rey y una reina que vivían en un lejano país. Su casa era un
hermoso palacio decorado con mosaicos y jardines, situado en lo alto de una
pequeña colina. Desde allí se divisaba
un poblado valle, con un río caudaloso,
estrecho y calmo.
El
rey y la reina se querían mucho, pero no eran del todo felices, no podían tener
hijos. La reina adoraba a los niños y este hecho la hacía muy desdichada.
Una
tarde de primavera la reina se llevó una alegría inmensa al enterarse de que
¡por fin estaba embarazada! El rey y la reina ilusionados esperaron 9 meses felices
y dichosos hasta que llegó el gran día. Una niña preciosa de mejillas
sonrosadas había nacido para hacerles los padres más felices del reino. Cuando
la tuvo en brazos, la reina la miró y dijo:
– Te llamarás Aurora.
Dicha
felicidad no duró a penas, esa misma noche la pequeña Aurora murió trágica e
inesperadamente.
Una
tristeza más grande que su reino se apoderó de los reyes. La reina lloraba noche
y día y nada ni nadie conseguían animarla. No podía dejar de pensar en su
pequeña. El reino entero estaba triste, no se celebraban fiestas, no se
recibían visitas…
Pasaron años tristes, muy tristes hasta que una mañana de otoño cuando la reina salía
a dar su paseo matinal por los jardines, al abrir la puerta de palacio, vio una cestita de mimbre. Dentro
de la cestita había una preciosa niña. La niña dormía placidamente.
– ¡Alegría! ¡Alegría! ¡Hemos tenido un regalo! ¡Hemos tenido un regalo! – gritaba la reina.
– ¿Un regalo? ¿Un regalo? – preguntaba
el rey.
– ¡Es una niña! – gritaba la reina
– ¿Una niña? ¡Maravilloso!! Y…¿Cómo la
llamaremos? – preguntó el rey impresionado y confuso.
– ¡Oh! Querido... – exclamó ella la llamaremos Aurora. – Dijo la
reina.
El palacio se llenó de alegría,
celebraron una gran fiesta con muchos invitados que llenaron de regalos a
Aurora. Su madre le regaló una cajita de música.
El
palacio se llenó de alegría, celebraron una gran fiesta, con muchos invitados.
Los invitados llevaron muchos regalos a la niña, a la que decidieron ponerle Aurora.
Su madre le regaló una cajita de música.
Aurora
creció muy feliz en su palacio, jugando y escuchando su cajita de música, por
la que sentía una gran pasión. Al descubrir este amor por la música, sus padres
empezaron desde muy pequeña a introducirla en el mundo musical enseñándole a
tocar la lira.
La
niña tocaba de maravilla. Nunca en ningún reino se había escuchado a nadie
tocar de esa forma tan bella. Los padres adoraban escucharla, le traían a
palacio los mejores profesores. Aurora creció con su música y cada día que
pasaba tocaba mejor.
Los reyes no dejaban a Aurora salir de
palacio, temían que le ocurriera alguna desgracia eran muy sobre protectores
con su hijita y solo querían que tocase su música para ellos. En el pueblo le
llamaban Aurora la princesa prisionera.
Un cumpleaños recibió como regalo una
lira de madera de roble. Cada cumpleaños recibía una lira nueva, de este modo
los reyes intentaban que Aurora no pensase en salir de palacio y se
entretuviese con sus liras. Pero lo que ella realmente deseaba era salir a la
ciudad y conocer jóvenes músicos.
–
¿Cuando podré ir a tocar a la ciudad madre? – preguntaba constantemente.
–
Eres muy joven querida hija, debes esperar a ser mayor, no olvides que eres una
princesa. – Le contestaba su sobre
protectora madre.
–
¡Pero yo quiero ir!
Aurora
no entendía el comportamiento de sus padres, ella quería conocer la ciudad y
tocar para más gente. Los deseos de Aurora aterraban a sus padres por lo que
decidieron encerrarla en la torre más alta de palacio. En aquella habitación
sólo tocaba su lira de madera de roble, no podía salir, incluso comía y dormía
allí.
Sus
padres querían que se casara con el hijo de un rey viudo de un reino vecino que
poseía una gran cantidad de tierras. Este príncipe era mayor y un gran
guerrero. Ella no quería casarse con él
de ninguna manera pero como sus padres insistían tanto ella accedió, a cambio
de una petición: sólo se casaría con él cuando las tres liras más preciosas
jamás elaboradas (una de oro con la que tocaría canciones de amor, una de plata
con la que tocaría canciones de amistad y otra de platino con la que tocaría
canciones tristes) fueran suyas.
Pasaron
los años y prisionera en su torre Aurora solo pensaba en que tendría que pasar
muchísimo tiempo hasta que las liras llegaran a sus manos pues sabía que su
elaboración era una tarea difícil.
Una
mañana fría, sus padres le entregaron las tres liras que había pedido: una de
oro, una de plata y la última de platino. Aurora se vio obligada a escapar de
palacio y durante tres días trazó un plan de huida. Tres años, tres liras, tres días pensando en
escapar…
Una
noche, la criada que le dejaba siempre la cena se olvidó de cerrar la puerta y
Aurora aprovechó para llevar a cabo su plan. Metió la cajita de música que le
regaló su madre, la lira de oro, la lira
de plata y la lira de platino en un zurrón. Buscó en el armario de su madre y
encontró un estupendo abrigo hecho con toda clase de pieles. Le quedaba grande
pero le protegería.
Esa
noche, la princesa Aurora mientras todos dormían, salió por la puerta de
palacio con su zurrón y su abrigo hecho con toda clase de pieles, camino de la
ciudad.
Pasó
la primera noche acurrucada bajo un roble muerta de miedo, tapada con su abrigo
hecho con toda clase de pieles. Por la mañana mientras sus padres la buscaban
desesperados por todo el reino, ella caminaba decidida y feliz dejando atrás su palacio donde había sido prisionera. Caminó horas y horas
sin rumbo dispuesta a conocer lo que el mundo le tenía preparado A pesar de todo, Aurora deseaba tocar pero no
podía correr el riesgo de que sus padres la escucharan y la descubrieran. Su abrigo de toda clase de
pieles le servía de disfraz.
Al
final del día, cansada y hambrienta, se paró a descansar y escuchó la música de
su cajita. ¡Alguien estaba tocando muy
cerca de allí la música de su cajita! Agudizó el oído para reconocer de donde
procedía el sonido y tras unos segundos de confusión por fin dio con el lugar.
Era una casa grande, una posada, entró sigilosa, sin que la vieran y se
escondió detrás de un banco. La música sonaba como los ángeles. Deseaba tocar
con toda su alma, pero estaba muy cansada, muerta de hambre y no podía ser
vista. Empezaba a sentir miedo…
Se
quedó dormida detrás del banco.
La
hija de la posadera era una niña de ocho años llamada Helena. Al ver unas pieles
debajo del banco se acercó a acariciarlas. Aurora despertó asustada y
rápidamente puso su dedo índice en la boca pidiendo silencio. La niña entendió
perfectamente el silencio y con un susurro se llevó a Aurora a su cuarto.
–
Aquí estaremos mejor, me llamo Helena y
soy la hija de la dueña de la posada – susurró
- ¿Cuál es tu nombre?
–
Mi nombre es Aurora. Llevo todo el día
caminando… me he escapado de casa… – le
dijo Aurora tímidamente. – Estoy muy cansada…
–
¡Oh vaya! ¡Estarás hambrienta! Te traeré pan con leche. – le dijo Helena con
mucha ternura.
Cuando la hija de la posadera volvió de la cocina,
Aurora estaba dormida. A la mañana siguiente Aurora y Helena salieron a dar un
paseo pero guardó su secreto y no le dijo que era una princesa, ni por qué se
había escapado. A Helena no le importó. Le ofreció
quedarse a vivir con ella y su madre a cambio de ayudarlas en la posada. Aurora no había trabajado nunca, pues
era una princesa, pero aceptó. Cada mañana, se levantaba muy temprano y
hacía las tareas que le mandaban. Trabajaba duramente. Helena y ella se
hicieron muy amigas y prometieron ayudarse siempre.
Sin embargo Aurora se sentía triste, haba conseguido escapar de
la prisión de palacio y ahora estaba prisionera en la posada. No podía tocar
por miedo a ser escuchada y esto la hacía más desgraciada aún.
Un día, a la hora de la siesta, Aurora
se puso el abrigo de toda clase de pieles y se refugio con su amiga en un
bosquecillo cercano. Allí podría tocar y deleitar los oídos Helena. Tenía
miedo de que alguien escuchase su música y sus padres la encontrasen pero ella
necesitaba tocar su lira. Tocaba con la lira de platino con la que solo tocaba
canciones tristes. Día tras día, a la hora de la siesta iban a tocar al
bosquecillo donde se sentían libres y felices.
Una tarde, a la hora de la siesta, un
apuesto y valiente príncipe del reino vecino que paseaba por allí en su
caballo, escuchó una de las canciones que Aurora tocaba. Encantado por aquel
sonido, detuvo su marcha, y escuchó atónito las
bellas notas que llegaban a sus oídos. Escondido tras un árbol disfrutó de la
maravillosa melodía.
Al día siguiente, el príncipe volvió al
bosquecillo montado en su caballo. Aurora tocaba su lira de plata con la que solo
tocaba canciones de amistad. El príncipe no pudo contenerse y se
mostró ante ella. Amaba la música y
nunca había escuchado nada igual.
Se presentó muy cortés y le manifestó la profunda admiración que
sentía por el arte que emanaba aquella lira al ser tocada por ella. Aurora se
enamoró locamente del príncipe y de su pasión por la música.
Al
día siguiente, emocionada y feliz Aurora le contó a su amiga Helena lo dichosa
que se sentía y sin perder un segundo, se puso su abrigo de toda clase de
pieles y salió corriendo al bosquecillo a tocar con su lira de oro, con la que
solo tocaba canciones de amor. El príncipe, con una gran sonrisa dibujada en su
rostro sacó del zurrón su lira y acompañó a Aurora tocando la misma canción. Mirándole
a los ojos le declaró su amor eterno.
Acompañada
del príncipe músico, Aurora volvió a palacio con sus padres vestida con su abrigo de toda clase de pieles. Para
celebrar el regreso y el noviazgo de su hija celebraron una gran boda
acompañados de todos los músicos de
ambos reinos. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Justificación
La
edad a la que va dirigida mi adaptación es la de 8 – 9 años (tercero de primaria) A esta edad, nuestros lectores se encuentran
en la etapa de las operaciones concretas donde las características que mejor
asimilan en los cuentos son entre otras, el vocabulario de lectura fácil, frases
ni demasiado largas ni complicadas y los diferentes usos de expresión. Esta, es
una adaptación sencilla que cumple estas propiedades, así como el esquema
básico de libros infantiles con un inicio, nudo y desenlace.
También he elegido esta edad porque uno
de los temas favoritos de la etapa fantástico-realista en la que se encuentran
nuestros lectores son las aventuras. Nuestra protagonista, deseosa de descubrir mundo huye
de palacio desapegándose de la sobreprotección de sus padres. El miedo al que
se enfrenta al encontrarse sola, el nuevo hogar donde debe trabajar y los retos
a los que se enfrenta hasta finalmente enamorarse a través de la música y
casarse y volver a palacio con sus padres son los principales motivos de este
cuento. En este caso se podría decir que dos de los motivos principales que
caracterizan al cuento (huida, búsqueda de amor) van unidos: la búsqueda del
amor verdadero y el ansia de Aurora por conocer a otros que amen la música
tanto como ella la llevan a fugarse de
palacio.
Además de las aventuras, uno de los
temas favoritos en esta etapa son aquellos en los que el protagonista se
enfrenta a los problemas básicos como el miedo, la familia y la amistad... (F.Cubells)
Es importante destacar que en los
cuentos folclóricos no es necesario que nuestros lectores se identifiquen con
los protagonistas sino que son personajes a los que les gustaría parecerse de
mayores.
Aspectos conservados
- Estructura interna del cuento
folclórico : salida del hogar, prueba de maduración, creación del
nuevo núcleo familiar.
- Muerte de un ser querido.
- Núcleo familiar de la
princesa. (Hija única, muy protegida por sus padres)
- Huida del hogar: La protagonista
se ve obligada a marchar de palacio para cumplir sus deseos.
- Petición de regalos para retrasar el matrimonio con el príncipe del reino vecino.
- Se lleva con ella los regalos
y recuerdos de su infancia y los usa.
- Pérdida y ocultación de su
estatus.
- Realiza tareas por debajo de
su condición de princesa.
- El abrigo.
- Final feliz.
Aspectos modificados
- Arquetipos
relacionados con la princesa y el príncipe: Sustituí la belleza por el
talento musical. La música es una manera de transmitir belleza y el
virtuosismo de Aurora la hace única y hermosa. También introduje otros
valores en la princesa como el respeto que manifiesta hacia Helena.
- El príncipe se
enamora de Aurora a través de la
música.
- Los vestidos por
las liras.
- Introducción de
Helena como el personaje que le ayuda a sobrevivir.








